Publicado en Crónica

La crónica más que un género, una mesa redonda para deliberar

(…)la historia de la noche alumbrada y la que está por abrirse,

la historia del comienzo y del fin…”

Ramón Palomares

 

En el corazón literario yaracuyano moran seres mágicos  tales como José Parra, Pálmenes Yarza, Morita Carrillo, Rafael Zárraga entre otros. Estos mundos creados forman en el ideario del estado una sensación de satisfacción por contar con tan celebres escritores. En este sentido, Rafael Zárraga siempre fue un amigo  que dedicó su tiempo al estudio de la lectura y a la escritura.  Logró plantar  en sus trabajos  el amor por su pueblo, su gente  y sus tradiciones; con una destreza que le permitió narrar y crear universos múltiples,  como los cuentos infinitos de  nuestros abuelos.

 

En lo personal compartir con Zárraga siempre fue gratificante, recrearse con  las  anécdotas de sus viajes por Europa, disfrutar de su conocimiento sobre el tango y, sobre todo, de su incansable espíritu bohemio que  nos permitía participar de la gran hermandad de la Pagoda, donde la creatividad siempre se mantuvo  en el ambiente. Puedo decir que Rafael Zárraga siempre buscó descifrar la esencia, la naturaleza del colectivo, mediante su yo múltiple, para así eternizar en sus obras la belleza, la magia y las historias que le hicieron  amar y  comprometerse con  su tierra. Me permito estas líneas anticipatorias en virtud de contares, obra plena de crónicas para esta mesa redonda.

 

El   mes de octubre de 2011 se llevó a cabo la Primera Bienal Rafael Zárraga,  donde el pueblo yaracuyano rindió homenaje a este escritor que tantos  laureles nos brindó; en tanto una de las categorías que entró en concurso fue la de Crónicas, donde resultó ganadora  la obra Vivencias y tradiciones en el rancho campanario, estancia de mi abuelo el guerrillero” del escritor Luis Mendoza Silva, y se entregaron  también las siguientes menciones: “Esa voz que venía de ella era sangre de mi abuela” de Bethilde Ledezma; “Kiko, mi vecino” de Yohana Toro; “Carne de avión”, de  Eleazar Molina y  Alí Primera: Entrevista imaginaria,” de Pedro Concepción, siendo jurados: Antonio Trujillo, Pedro Ruiz y Samuel López.

 

El periodista Earle Herrera, en su libro La magia de la crónica, expresa: “En un principio fue la historia escrita, la relación de los hechos pasados de acuerdo al orden en que ocurrieron, se convierte en género literario cuando surge de sus oficiantes la preocupación  no sólo de contar, sino por hacerlo bien y en forma amena, clara y agradable para  el lector”,  es decir,  un género que tiene analogía  con la historia, la literatura y el periodismo.  Parte de esa característica narrativa la precisamos en el siguiente párrafo de la obra ganadora: 

 

“En lo alto, un gavilán primito hacía múltiples piruetas, como si danzara al ritmo de la música ininterrumpida, que producía el contacto de la brisa con las palmeras resecas e inmóviles, las cuales en las distancias inconmensurables, confundíase, con los molinos de viento donde abrevaba el ganado su sed de siglos. El verano había sido largo e intenso, casi similar al de 1905, nos contaba en la cocina con su voz de ángel, la abuela Secundina, mientras atizaba el fogón oloroso a dulce de quinchonchos y fritangas.”

 

La crónica  según varios autores debe ser un relato fidedigno de los hechos, si bien,  puede no poseer  orden cronológico sí deben estar narradas con humor, poesía y un estilo peculiar que identifique a su autor. Esta amenidad en la escritura y en la forma de presentar los hechos es lo que hace de las “Vivencias y tradiciones en el rancho campanario, estancia de mi abuelo el guerrillero,” una lectura interesante desde su primer párrafo, pues su autor logra captar nuestro interés mediante una evocación  con sabor a familia:

 

“1992. Era abril. Y, después de tiempos de ausencia, volvimos al Rancho Campanario. Los dos viejos con su ternura senil fueron a recibirnos al tranquero, bajo el intenso calor del medio día soledoso, allí nos abrazamos, cansados y estresados por el viaje, pues, son varias horas de carretera y, aproximadamente unas cinco o seis leguas de tortuoso camino, desde donde nos dejó la rústica “Power” del viejo Mingo, único vehículo que con su ruido de abejorro, andaba por aquellas soledades.”

 

Del  Análisis de los elementos temáticos característicos de la crónica literaria de cara a su clasificación documental,  de los  profesores  João Batista Ernesto de Moraes  y Maura Duarte Moreira Guarido, podemos citar: “Una de las caras de la crónica contemporánea: es el abordaje de temas cotidianos, sin ninguna pretensión, en apariencia, de intentar un ahondamiento en los hechos abordados en sus textos, manteniendo siempre un fijado tono coloquial, un especie de conversación. Sin embargo, este tránsito entre lo cotidiano y lo literario,  funciona como inyector de perennidad, objetivamente da la luz al género literario,”  por lo que la fisonomía  contemporánea de la  crónica está relacionada a un tiempo mínimo,  un ayer que todavía tiene olor  a hoy, por así decir, un instante de pequeñas y grandes alegrías o desventuras dentro de lo cotidiano:

 

“La tierra se secó tanto en aquel tiempo -seguía contando la abuela- que no volvió a producir agua, ni frutos comestibles. Los animales que pudieron emigraron a otros territorios, mientras los que por falta de fuerzas no lograron huir, murieron en el intento de subir la montaña distante, donde presentían humedad y, por allí fueron quedando calcinados y rendidos en esteros desérticos. En los caminos polvorientos morían sollozantes y crujientes las vacas, burros y caballos por causa del hambre y la sed. Y, es que el veranón produjo en éstos territorios, la hambruna más cruel que se haya visto en el llano durante toda su historia.”

 

Para la académica Linda Egan  “la crónica incluye en su desarrollo un doble propósito indivisible: uno filosófico y crítico, el otro artístico y emotivo. Sus metas memorables, políticas y culturales no se pueden perseguir efectivamente sin la flexibilidad del discurso figurativo y, en el contexto de un género-verdad.” Así que, un cronista es la encarnación de Hermes y  esgrime su bolígrafo para exclamar  los hechos al mundo. Por lo que un cronista es un revolucionario,  protagonista y/o testigo  que utiliza un género literario para ayudar a la comprensión de la realidad. En este sentido, Luis Mendoza Silva nos deleita en su crónica estas líneas:

 

“Cuentan que el indio, fue factor decisivo en la batalla de Las Nutrias, pues, el zumbido del machete y una estrategia suya, que consistía en imitar el ronquido del tigre, hizo que los soldados del Coronel Campero, comandante de la plaza nutrieña huyeran despavoridos, por las sabanas del miedo, después de cruzar nadando en sus caballos el río Apure. Luego del combate, en el que hubo centenares de muertos y heridos de ambos bandos, vinieron las deliberaciones y los reconocimientos a oficiales y soldados destacados en la reyerta.”

 

Para el escritor Jorge Carrión  “la crónica desde sus inicios, posee un sentido del compromiso que la distingue  periodísticamente pero a su vez posee licencias literarias que llegan a contradecirla.” De ahí justamente  intento  decir que la  crónica más que un género es una mesa redonda para deliberar. Ahora bien, en  “Vivencias y tradiciones en el rancho campanario, estancia de mi abuelo el guerrillero” el planteamiento nos invita a reflexionar,  este se desarrolla con palabras claras, concisas y transparentes, frases cortas y párrafos construidos  en  extensiones que  facilitan su lectura:

 

“A veces por las tardes, sentado en su taburete añoso, orgulloso de haber vivido en los tres últimos siglos; XIX, XX Y XXI y, de  haber sido el ultimo caporal de aquellas distancias, se quedaba mirando la sabana y pensando en alta voz: “Si volviera a nacer Pedro Pérez Delgado, ensillaría mi mula amarilla, desenterraría la lanza y rompería el juramento del aromo, para irme detrás de esos sueños, que no me dejan dormir tranquilo. Sí, y me iría levantando polvaredas de esperanzas, enarbolando ilusas banderas de libertad y gritando por los mil y tantos caminos del bajío, como hace más de una centuria lo hiciera mi general Zamora”

 

 

Las crónicas en la práctica suelen ser  impresionistas y expresionistas, ya que quienes se encargan de trazarlas son hombres y mujeres que interactúan  con su entorno y, por lo tanto,  son construidos  y deconstruidos por sus  vivencias. Es así como en sus trabajos encontramos un vocabulario rico e íntimo, donde muchas veces la anécdota define  alguna persona o  situación. De acuerdo con esto,  sin necesidad de más comentarios, el cronista comenta sin comentar, instruye sin academismos, guía sin rigor  pero siempre con destreza:

 

“Mi abuelo, era alto, moreno, ojos claros y mirada profunda como si quisiera leernos el pensamiento. Pelo liso y recio como su estirpe. Voz de trueno, carácter fuerte y jovial. Experto creador de historias míticas, conocedor de una incontable cantera de leyendas, que forman parte del imaginario popular de la sabana. Con cierto orgullo de héroe, como si se tratara de un trofeo de guerra, nos mostró una noche, sentados en círculo, bajo la luna que iluminaba el patio grande, las cicatrices del brazo defectuoso, donde le arañó una tigra…después nos dijeron, que esas cicatrices eran producto de la guerra, pues, según fuentes dignas de todo crédito, él actuó siendo joven, en algunas batallas, combates o escaramuzas”

 

Para el creador Monsiváis las crónicas son: “la coexistencia de lo global y lo local, de lo popular y lo exclusivo, de lo tradicional y lo moderno, lo que lleva a cruzamientos que se sobreponen a fronteras tradicionales entre opuestos.” Así podemos afirmar, que todo cronista al desarrollar una idea  tiene un sentido y una esencia  que lo impulsa a crear, se escribe sobre algo, por algo y para algo. Se narra un hecho y se le da al relato un sentido apreciativo-axiológico,  es decir, que el narrador tiene como objeto la reflexión sobre ciertos valores objetivos o subjetivos de un personaje, de la sociedad e incluso de sí mismo. Por otro lado, en el trabajo Mención publicación, titulado “Kiko, mi vecino”, de  la autora Yohana Toro,  podemos observar esta característica que  impregna a la historia de alma y logra en el lector una sensación de  intimidad:

 

“Cuando lograba reunir algunas monedas, las suficientes para adquirir con formalidad un cuarto o hasta una media de miche, se acercaba hasta la bodega y desde la puerta, en su lenguaje particular mientras señalaba las botellas y el dinero al mismo tiempo lograba hacerse entender, entonces papá, muy serio, daba la vuelta al mostrador y le entregaba su pedido. Kico escondía la fría botella entre sus pantalones y se marchaba presuroso por llegar hasta su cuarto, en algunas ocasiones era interceptado por alguna otra alma que tenía necesidad de sentir el calor espirituoso de esta bebida, en esos momentos se podía ver al loco Kico sonreír ante la certeza de que en ese instante era poseedor del preciado don de la amistad alcanzado al fin por la apremiante necesidad de compartir la misma botella.”

 

Juan Villoro escritor y periodista  enunció  hace varios años en referencia a la crónica que  “Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de la prosa.” De igual modo, afirma este escritor: “La crónica es una criatura cuyo balance biológico depende de no ser como los animales distintos que podría ser”. En esencia la interacción de los diversos géneros literarios en la composición  de la crónica le brinda su carácter intimista y auténtico, lo que le permite a los escritores un mundo de posibilidades en la crónica “Carne de avión” del poeta Eleazar Molina, “Gonzalo Fragui”,  premiada con Mención publicación de la que extraemos este candoroso fragmento:

 

Cuando llegó el primer avión a Mérida, don Máximo Torres, el cartero de Mucutuy, subía lentamente con su burro la cuesta de Las González. Apenas sintió pasar levemente el avión y don Máximo en su inocencia pensó que sería un pájaro.

Antonio Blanco, un vecino de don Máximo, cuando lo vio llegar de Mérida inmediatamente fue a visitarlo. No había terminado de entrar a la casa, y sin descargar todavía el burro donde llevaba el correo, cuando Antonio lo atajó:

– Perdone, don Máximo, es que yo quería saber si usted vio el avión.

Don Máximo, que era un gran fabulador, no perdió la ocasión:

– Pues, el avión no lo vi, pero carne sí comí.

– No sea burlisto, don Máximo.

– No, no me burlo, Antonio, es verdad. Los aviones son como los pájaros, son animales carníbulos, aves de carne y hueso, como los zamuros o las águilas, pero más grandes.”

 

La crónica narra, describe y sitúa  a los personajes desde muy distintos ángulos y emplea recursos dramáticos para mantener la atención del lector con  un sutil lirismo y el empleo de figuras retóricas  (metáfora, hipérbole, antítesis, paradoja, símil,  metonimia, anáfora,  entre otros).  Esto  permite transmitir belleza y mayor expresividad estética por medio de la palabra.  En ese sentido, el relato de Bethilde Ledezma, Esa voz que venía de ella era la sangre de mi abuela,”  nos brinda una muestra de ello:

 

“Tengo grabado en el cuerpo la memoria de los amaneceres de mi niñez. Me refiero a que, más que una evocación mental, esa memoria me viene por los sentidos. Así es que mi piel de vez en cuando recuerda el calor de ese nicho que hacíamos mi madre y yo para dormir, la veo en la madrugada vestida de blanco amasando el desayuno, oigo al pajarerío cantando haciéndole coro al gallo, siento el silbido frío del viento que se colaba por el bahareque, me erizo al recordar el espanto de la sayona anunciada por la radio y salivo un humo a café recién colao. Entonces, en esos años ’70, era feliz.”

 

Finalmente, la crónica biografía es un subgénero difícil de elaborar entre todos los tipos de crónicas que se puedan escribir. El cronista enfrenta en un relato expositivo la vida de un personaje real desde que nace hasta que muere o hasta la actualidad. En su forma más completa, explica sus actos con arreglo al contexto social, cultural y político de la época, intentando reconstruir documentalmente su pensamiento y figura, ese el caso de la creación  Alí Primera: Entrevista Imaginaria”  de Pedro Concepción, en donde la imaginación, la investigación y la pasión por el personaje nos lleva a través de la estructura del viaje, a recorrer  la vida del cantante del pueblo:

 

“Ya lo dije, nací en Coro y “…soy campesino paraguanero en mi formación, en la vivencia principal del hombre: su infancia. En su música de pájaros, de vientos del norte, del sur y del este; en los árboles de la Paraguaná xerófila, de la Paraguaná seca pero al mismo tiempo de la Paraguaná entrañable, musical, solidaria. La de los cantos de los campesinos en la siembra, cantos de la Cruz de Mayo, salves, merengues y  valses con viejos clarinetes y violines; cuatros con cuerdas de tripa de chivo. De allí surge el canto, de allí nace el canto que me llenó el espíritu y el alma”.

               

       David Figueroa González

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Una puerta en el tiempo: Nirgua Ancestral

Acercamiento al libro Nirgua…Tierra de Magia

El tiempo nunca pasa

no se va

el tiempo se nos queda adentro”

Alí Primera.

 

El municipio  Nirgua  representa el lugar donde  vuelvo  con mis ancestros,   es  el espacio donde cobran vida los relatos  que mi abuela  Estéfana solía contarnos  sentada en su hamaca y mientras ella detallaba sus vivencias, el tiempo se paralizaba, nosotros en silencio degustábamos cada unas de sus palabras.. Oír como ella  describía  “Las cumbres”, es decir, el sitio donde ella había nacido en esta municipalidad,  era realmente encantador, yo sentía que podía caminar por esas montañas, ver su casita en la cima  y oler aquellos pastizales. Quizás  por esas razones  siempre le  he manifestado a mis amigos que visitar Nirgua es abrir una puerta en el tiempo,  es  volar con las alas de  imaginación a un pasado reciente donde se realza  el heroísmo, la tradición  y la resistencia de nuestros aborígenes  los Indios Jiraharas-Ayamán .

 

Al comenzar la lectura de  “Nirgua…Tierra de Magia”  de la escritora amiga  Maigualida Pérez, me reencontré con un pueblo lleno de memorias, las mismas  que tanto adoraba exponer a mi abuela, en sus párrafos se respira un aire que evoca las costumbres de nuestras provincias, sus coloridas montañas y sus calles empedradas bañadas de siglos. Este libro nos presenta una visión romántica, enigmática  y ecológica del municipio. En este mismo orden de ideas, en el siguiente párrafo del  texto Tratado de Coche observamos lo planteado:

 

“  Las montañas que rodean a Nirgua, con  la  luz  del  atardecer  de  aquel  día  estelar,  hacían  galas  del  café como una novia toda vestida de  blanco, hermosa  y virginal  que  espera  al  pie  del  altar,  distante   y misteriosa;   ansiosa   y callada  ante  el  bramido  bajo  del   río  que  viene saltarín y cristalino cubierto por  capas  delgadas  de  espuma blanca  que  se evaporan en el curso del mismo.

 

Como quien logra ver a través del tiempo, cual sacerdotisa la narradora nos transporta en la historia al punto de casi palpar los lugares y situaciones que describe en sus crónicas.  Sus líneas nos sumergen en  un realismo mágico que abarca desde la construcción del  Fuerte  San Vicente, pasando por el grito de libertad  del Negro Miguel, el rey de Buría;  hasta la hermosa leyenda  de nuestra Diosa madre, La reina María Lionza.  En este sentido las palabras del escritor Earle Herrera nos refiere: “Desde épocas remotas, ya  por vía oral o escrita, el hombre va dejando testimonios de su paso por el mundo, gracias a los cuales se conoce el pasado y se explica el presente”. Tal vez bajo esta óptica la autora nos presenta este trabajo impregnado de luz, que como reseña Herrera deja huella más allá del papel y florece en el alma, muestra de ello lo observamos con el siguiente relato titulado MaríaLionza:

 

 “Cuenta la leyenda, que  la diosa de  la selva antes  de   entregarse   al  español,  prefirió escapar y desde los altos de  la  zona  de   Los Madrileños, internándose por el cerro del Picacho bajó por los  caminos  entre  la Palma  y  los Cogollos hacia Chivacoa  y  perdió  su   rastro  -desesperada-  en  la  montaña  de   Sorte,  llena  de  tesoros  naturales  donde se  oía  su  canto triste y   lánguido  por  las  tardes.   Dicen  que  el  Español  enamorado  la  buscó  durante   el  tiempo  que le quedo  de vida.  Perdiendo la razón; la oía cantar y  hablar  con  los  animales  del  monte.”

 

 

Al pasearnos por  “Nirgua…Tierra de Magia”   descubrimos el sortilegio que envuelve a un  municipio, de igual manera sus páginas colmadas de vida son un aporte a la autoconciencia y autoestima de una sociedad  ya que reivindica  a personas o grupos sociales que  generalmente han sido  excluidos de la historia oficial. En tal sentido, en esta publicación  disfrutamos  del patrimonio cultural de una ciudad  a través de la visión lírica  de la autora, acción esta que nos permite percibir el compromiso social que posee Maigualida Pérez con la tierra que se grabó en sus sentidos como los petroglifos en las piedras del tiempo, Este hecho lo podemos constatar en las  líneas “Nirgua… Tierra de Magia”  texto que presta su nombre a este libro:

 

    “En  la  intimidad  de la montaña, circundada  por quebradas y planicies,  sus   cuerpos   danzan   ataviados   de   la   jerarquía  que   les  otorgan    sus  hermanos  y  en  la piedra dejan la huella  indeleble  de  su  histórico  paso  por  esta  tierra  llena  de   bondades   y belleza que es Nirgua:  Nirva  del Callao;  Nirua la del Prado!”

David Figueroa González

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Autobiografía de un río: ecocrítica para la reflexión

Amarás a la Naturaleza de la que formas parte”

Eduardo Galeano

Mi abuelo Ricardo fue un hombre que amó la tierra, agricultor que siempre respetó la vida de todos los seres que habitaban su hacienda, él fue mi maestro en muchos aspectos, uno de los que siempre mantengo presente es el apego a la naturaleza, recuerdo una mañana en su finca, estaba junto a mis primos pescando, cuando uno de ellos cansado porque los peces no picaban, sacó un cohete para lanzarlo al agua, en ese instante llegó mi abuelo y nos ha dado una charla por lo cual no se debía pescar de esa manera, ya que;

las explosiones matan indiscriminadamente un gran número de peces grandes y pequeños, a demás de otros organismos próximos, pudiendo ello dañar gravemente el ecosistema e incluso destruir el ambiente físico”

Ejemplos como ese llenaron mi espíritu de ese afecto por el medio ambiente, sentimiento que aún hoy poseo.

Hay cantos que tienen olor a infancia, cantos que logran congelar el tiempo, para mí es la fiesta del río cuando baila entre las piedras, que juega con mi memoria borrando los años, llevando mis pensamientos al cauce del Yurubí . Y es que, para quien vivió una infancia rodeada de hermosos parajes y refrescantes manantiales, siempre es fácil recordar sus verdes cerros y aguas cristalinas, tal como lo refiere la letra del vals Mi lindo Yurubí del compositor Pedro Zárraga Barreto donde disfrutamos:

Oh lindo Yurubí

con el alma te quiero

por las horas felices

que en ti yo pasaba

de las aguas claras

tú eres el primero…”

La Autobiografía de un río escrita por el eterno amigo Nicolás Capdevielle, es la voz de un caudal en las letras de un soñador que se vale de la narrativa, la crónica y otras figuras retóricas para lograr que el flujo de la historia llegue a nosotros convertido en algo más que un simple cuento, quizás, sean sus palabras el grito de todos los ríos que se ven mermados por la intervención del hombre, bajo esa óptica leemos:images

Es así que debo manejar una completa problemática de contaminación orgánica, microbiana y de sedimentos en suspensión, para tratar de mantener aceptable el estado de mis aguas, lo cual es imposible con sólo mi auto purificación. Esos daños y conflictos provocados por descargas contaminantes tienen estrecha relación con factores estacionales”

Desde el mismo inicio del libro la ecocrítica se hace presente, ya que el prologuista Ricardo Proaño, además de dar una visión intimista al texto, contribuye, a su manera, a la meditación sobre la situación ambiental, mostrándonos un vínculo con la tierra y con sus habitantes. Tal como esboza la teoría ecocrítica cuando plantea:

todo se conecta con todo. Existe, por así decirlo, un interés en aplicar el uso de conceptos de la ecología a las composiciones literarias, estableciendo de este modo una conexión entre la obra literaria, el autor y la ecología.”

Es así como, una las características más importantes de la ecocrítica es el compromiso de incitar una conciencia ecológica a través de la literatura. En el Prólogo de Autografía de un río disfrutamos:

Allí, en lo alto, donde están sus nacientes, yérguese la vegetación crecida espontáneamente para protegerlo de la acción erosiva de los vientos y para atraer el agua de las nubes, pero hasta allí ha llegado y llega la depredación: lenta pero dañina al fin y, luego, sobre el lomo de grandes máquinas que masivamente arrasan las zonas montañosas para beneficiarse con la exploración de madera y enriquecer así a unos pocos poderosos enemigos del equilibrio biológico”

La Ecología no es únicamente una materia del conocimiento, es una puerta que muestra la relación que todo individuo mantiene con el ambiente y con los organismos vegetales y animales que lo acompañan, en Autobiografía de un río Nicolás Capdevielle es el hombre río que nos baña con la visión educativa e introspectiva, enfoque que incluso pudiésemos relacionar con una profecía de los Indios Cree, la cual nos refiere al mismo tema:

Sólo cuando se haya talado el último árbol, sólo cuando se haya envenenado el último río, sólo cuando se haya pescado el último pez; sólo entonces, descubrirás que el dinero no es comestible”

De igual forma el escritor Eduardo Galeano en Memoria del fuego nos aproxima a esa idea del hombre destructor de su entorno:

Cuando el árbol del agua se desplomó, del tronco nació la mar y de las ramas, los ríos. Toda el agua era dulce. Fue el Diablo quien anduvo echando puñados de sal.”

En este sentido leemos del referido texto:

si me hubieran dejado en paz, mi existencia transcurriría en un equilibrio estable, solamente interrumpido por esporádicos episodios de desestabilización (Palabra de moda) de esta mutua dependencia entre el suelo, mis aguas, las plantas, los seres que se nutren de ellas y que a su vez pueda ser alimento de los depredadores. Al intervenir el hombre en mi ambiente no sólo provocó diferentes ecocrisis en mis equilibrados ecosistemas sino que dificultó el restablecimiento de los equilibrios alterados. Un bárbaro, sólo comparable al que decía que no nacía la yerba donde su caballo pisaba, tuvo la infeliz ocurrencia de expresar que eso de los ecosistemas es un fútil mito.”

Las líneas de Autobiografía de un río están cargadas de educación ambiental, donde Nicolás Capdevielle busca despertar en los lectores una conciencia que le permita identificarse con la problemática ecológica subyacente a lo largo del río Yaracuy; a la vez identifica las relaciones de interacción e independencia que se dan entre el entorno y el hombre, también su autor se preocupa por generar una conciencia pertinente a los problemas ambientales causados por los efectos de la relación entre el hombre y el medio ambiente, es así como en el siguiente párrafo encontramos una invitación a la reflexión:

Es obvio que el reino animal está hoy muy impactado por esta febril actividad del hombre, en mares ríos y montaña.

En este orden de ideas, debo confesarles que la fauna de mi cuenca poseía incontables especies, muchas de las cuales han desaparecido, otras persisten y algunas están en vías de extinción

Más adelante el escritor reafirma la idea cuando nos dice en la voz del río:

La alarmante situación que hoy me transforma en río narrador, ya alcanzo un grado crítico difícil de contrarrestar en algunas áreas y comienza a vislumbrarse en otras, con más posibilidades de evitar, si se toman en cuenta los cuidados que necesita la naturaleza para que su equilibrio no continúe alterándose.”

Este libro es un elemento pedagógico fruto de un estudio minucioso, el cual nos permite valorar la importancia de este recurso hídrico y de cierto modo pudiésemos decir que el rio Yaracuy es para los yaracuyanos lo que el Nilo fue para Egipto, también es de valor mencionar la relación existente entre los árboles que le dan el color azulado a los cerros yaracuyanos y el dosel del bosque que intercepta una gran parte de la precipitación que cae sobre él. De no ser así, esta lluvia caería directamente sobre el suelo, erosionándolo gradualmente. De esta forma el bosque evita que suceda la erosión, por lo que, el agua que cae en el tapiz del bosque luego se desliza suavemente al suelo con menor fuerza que la lluvia directa. De tal forma en la Autobiografía de un río el escritor – río, nos hace un llamado de atención cuando nos cita:

La rica alfombra de nutrientes de nuestro suelo está siendo desgarrada, con evidente pérdida de su fertilidad, por prácticas agrícolas deficientes y erróneas, por la criminal deforestación de los bosques, por las quemas, por la exploración irracional de materiales granulares en los lechos de mis tributarios y por la ausencia de una conciencia restauradora en la mayoría de los casos.”

Guiándonos de lo anteriormente expuesto y ya para concluir, disfrutamos de las siguientes estrofas del vals Remembranzas, del poeta David Figueroa Figueroa:

Yaracuy antaño cristalino

hoy no es ni siquiera un riachuelo,

ya no tiene del turpial su trino

ni aparecen loros en el cielo.

De su vera también se fue el rocío

el canto de la cigarra una quimera,

cómo quiero verte otra vez río

y que vuelva la brisa mañanera.”

David Figueroa González

Publicado en Crónica, Ensayo

MÉRIDA

MÉRIDA

Con el cielo  a tus pies.

Recuerdo con mucho agrado la primera vez que llegue al  hermoso nido de las Águilas Blancas, ello fue en el año 1989,  llegamos con el amanecer a El Vigía, realmente esa primera vista no me impresiono. No sabia que era como el camino de ladrillos amarillos de la novela de L. Frank Baum “El Mago de Oz” que me llevaría a la Ciudad Esmeralda  y justo al entrar a  Mérida pude constatar que los ciudadanos eran bonachones, curiosos, agradecidos, tal cual la novela mencionada, aunque yo agregaría cordiales, amables y hospitalarios.

Fundada en 1558, Santiago de los Caballeros de Mérida es en la actualidad una hermosa ciudad rodeada de imponentes montañas que invitan a conocerlas, con un centro colonial de singular belleza, vistosos parques de gran verdor, una de las catedrales más hermosas de Venezuela, aun cuando no se le puede atribuir una línea arquitectónica en particular, ya que está conformada de una mezcla ecléctica, esta particularidad en su diseño viene dada por el hecho de que su construcción se inició en 1803 y no fue culminada sino hasta 1960, su belleza quizás viene dada por el espíritu del recinto,  y lo más resaltante, el trato de su gente, que bien le hacen honor a su nombre.

El estado Mérida está ubicado en el occidente de Venezuela y es el más montañoso del país, efectivamente, lo atraviesan tres sierras de la Cordillera de Los Andes, que son La Sierra Nevada con su punto culminante el Pico Bolívar  (5.007 msnm) que también es la cumbre más alta del país. En esta sierra también se encuentran otros picos de altura considerables como el Humboldt (4.942 msnm); La Concha (4.922 msnm); Bonpland (4.883 msnm); Del León (4.740 msnm) y la Silla del Toro (4.775 msnm) La Sierra de Santo Domingo, que está localizada al este del páramo de Mucuchíes con su punto culminante en el pico de Mucuñuque (4.672 msnm) También en esta sierra esta ubicado el mal llamado pico El Aguila que se encuentra en la antigua carretera transandina (4.007 msnm). Mal llamado, pues  su verdadero nombre es “El Collado del Cóndor”,  y esta coronado con la escultura de Marcos León Mariño,  un hermoso Cóndor con las alas abiertas al cielo, como diría Neruda “te pareces al mundo en tu actitud de entrega.” Fue erigida un 19 de diciembre de 1927 para conmemorar el paso de Simón Bolívar y su ejército por los Andes en 1813 durante la Campaña Admirable. Y por último la Sierra de la culata, la cual está situada en el norte del estado y termina en Agua Viva del estado Trujillo. Tiene algunas alturas de importancia como los páramos de La Negra (3.050 msnm); Piedras Blancas (4.762 msnm); El Tambor (2.915 msnm ); El Campanario (4.325 msnm) y La Culata (4.487 msnm).

Estos parajes encantadores inspiraron al escritor y eterno enamorado de su terruño, Don Tulio Febres Cordero a dar a conocer en un lenguaje sencillo las tradiciones, mitos y leyendas andinas, una de ellas,  un mito cosmológico donde narra el origen de Las Sierras Nevadas de Mérida según los indígenas de la zona y conocido como las Cinco Águilas Blancas: “volaban un día por el azul del firmamento; cinco águilas blancas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montañas.”

Mérida es el polen del turismo de aventura,  atrae a todos los adictos a la adrenalina, en lo personal el trekking o senderismo me lleva una y otra vez a esta tierra cargada de energía. Este deporte consiste en caminar por senderos sobre escenarios naturales como sierras, montañas, valles, bosques, ríos, lagunas; y hasta en desiertos inhóspitos. El fin de estas caminatas es obtener un mayor contacto con la naturaleza teniendo como objetivo una cumbre de media o alta montaña, el nacimiento o desembocadura de un arrollo o una simple caminata de observación de aves sobre terreno llano.

Esta aventura cargada de magia me ha permitido crecer en lo interno y a la vez comprender como caminando junto a todo un equipo de amigos, hermanos de montaña, vas solo con tus pensamientos y son estos el combustible que te impulsa cuando ya tu cuerpo no quiere dar un paso más.

Recuerdo mi primer viaje a la alta montaña, comenzó realmente como un reto personal, más que la búsqueda de paz, balance o disfrute de la montaña, que es el debe ser. Llegamos temprano a Tabay, un hermoso pueblo andino con Algunas casas de tejas rojas, con aleros y ventanas de balaustre de madera, que aun conserva el sabor de los andes de tiempos coloniales. Nos dirigimos a La Mucuy Alta donde está ubicado el parque La mucuy “Impregnado de ti,/  me diluyo junto al río./ A cada paso tu música hipnotiza./ Un concierto de aves,/ en la inmensidad. ”Allí comenzó la aclimatación  (2250 msnm),  para luego iniciar el recorrido hasta  La Coromoto o Laguna Coromoto, Laguna encantada,/  juegas entre las ramas/ seduces al cielo enamorado./Cantan tus cascadas/ al compas de la tarde /En medio de pasos/te diluyes en el viaje.” Este trayecto se hace en cuatro o cinco horas a píe. A medida que se sube por la montaña, se aprecian los distintos paisajes correspondientes a los pisos climáticos y vegetales: así aparece el bosque húmedo, con sus grandes árboles que impiden el paso de la luz, de donde cuelgan lianas, bromelias y orquídeas que forman una cúpula vegetal.

Al llegar somos hormigas sincronizadas que arman su campamento, unos a cargo de las carpas, otros responsables de la alimentación y el agua, al caer la noche es común una reunión para finiquitar detalles del siguiente día, y por supuesto compartir algún bocado como gesto de hermandad (algo típico de los andinistas o montañista ,el compartir).

Al despertar  somos nuevamente una orquesta afinada hasta la última nota, en lo referente a recoger el campamento preparar desayuno y  no puede faltar el té bien cargadito de azúcar, ya con los morrales listos y las nubes por compañeras arrancamos hacia la Laguna Verde, “Eres niña mimada/ de alma cristalina/ojos de esmeralda./Te canta la  luna/ se pierde en tus aguas,/ mientras  arrullas las piedras /llenas de esperanzas.” Este trayecto es completamente distinto puesto que comenzamos a alcanzar altura y al pasar la línea de los tres mil metros se puede observar el cambio de vegetación nos encontramos, con una vegetación más pequeña, como los líquenes que tapizan la roca desnuda, frailejones adornando el camino , y el coloradito como pinceladas sueltas entre las rocas, El clima cambia  se comienzan a sentir los efectos de la altura, el cansancio, la respiración rápida… Es un camino mayormente rocoso, con paisajes indescriptibles, caídas de agua espectaculares, el sonido del ríos es un concierto… Luego de pasar por caminos emocionantes de piedra, por “Puente Quemao”, y ver bajo tus pies una caída de casi 600 metros,  al caminar por una tabla de aproximadamente 20 centímetros de ancho  o cuando se camina por las morrenas  y sientes el frio en tus manos. Al llegar a Laguna Verde sorprende la majestuosidad de este paisaje rodeado de colosales montañas que se reflejan en las aguas apacibles de color verde esmeralda.

Llegamos al campamento, sitio hermoso escondido entre rocas grandes como dinosaurios, en medio de montañas que custodian la Laguna, cuales guardias pretorianos con su única “arma” la belleza de su desnudez.  Una vez instalados nos dispusimos a comer muy bien para recuperar las energías gastadas en la caminata.

Entre conversa y conversa el frío acaricia el campamento, por lo que decidimos comenzamos a preparar el equipo para partir en  la madrugada hacia la cumbre del Humboldt. “Silencioso bañas de misterio,/  tu cima destino anhelado./En tu vientre se gestan sueños,/sueños de paz”. Y allí en lo alto justo en frente como una visión el Gran Humboldt viendo con humildad nuestros deseos de posarnos sobre él, invitándonos, seduciéndonos con su manto blanco y sus eternas nieves.

La noche se hizo eterna en un segundo podía contar hasta mil, pero el sueño llego por fin gracias a Dios. Así Aproximadamente a las 03:00 de la madrugada nos despertamos, era el momento esperado, el último tramo del ascenso. Luego de un rápido desayuno emprendimos el ascenso a las 03:30 Am, la luna llena nos regalaba su bendición y nuevamente corría el frio libre por su jardín, entre las flores de frailejón, la adrenalina jugaba a  empujar mi espalda, era una experiencia maravillosa,  era extraño no sentir  ansiedad, a pesar de que no sabía lo que me esperaba. Avanzamos a un lado de una hermosa cascada y  poco a poco llegamos a la ruta, después de casi dos horas de aproximación comienzo a sentir la altitud (4.000 msnm) el cansancio  a cada paso, la respiración más rápida de lo normal…pero era lo que quería vivir, lo que soñé experimentar, saber si la montaña me aceptaría, si bienvenido a su reino.

Por un instante creí no llevaba el ritmo adecuado, pero seguía adelante con una frase que se convirtió en un mantra, “un paso luego otro, un pie frente del otro”, como dicen paso de montañista, lento pero avanzando. A las pocas horas fue aclarando y ya nos encontrábamos sobre un camino de rocas sueltas, realmente hermoso, con colores rojizos y grises, algunos trozos de hielo colgando de las rocas, como haciendo figuras de Picasso o tal vez de Dalí. Sorteando pequeños pozos congelados y rocas en zig-zag, llegamos a los pies del glaciar del Humboldt,  donde vemos una gruta profunda, blanca, misteriosa, tal vez el túnel por donde Alicia cayó a su mundo de absurdos y paradojas lógicas, en la obra de Lewis Carroll (Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas). La emoción me embargo y quise aumentar el ritmo de marcha, inmediatamente mi cuerpo dijo NO,  sabía que la altura estaba marcando su territorio y que debía controlar esos impulsos para evitar el desgaste de energía innecesario,  además  como ya le había comentado a los muchachos, todo está en el pensamiento, el cerebro, es el músculo más fuerte del ser humano, y junto a los deseos por realizar mi sueño  pude seguir el ascenso sin inconvenientes.

Bordeando el glaciar llegamos al punto en donde nos colocaríamos los crampones y los arneses.   La cordada lista para estrenar el hielo  nos permitió  marcar las huellas en el glaciar Humboldt.   Fue un momento intenso no puedo negar que dos lagrimas brotaron, estaba cumpliendo una promesa hecha a mi hijo, lo estaba llevando a pisar las nieves eternas de los Andes Venezolanos, lo habíamos logrado, a las 07:47 am del día 19 de Diciembre de 2010. Fuimos aceptados por él único glaciar permanente que nos queda en la Sierra Nevada.

El clima era perfecto, completamente despejado, se podía ver el Toro, la Concha, elBonpland la Laguna Verde, el Pico Bolívar en toda su expansión.

Bolívar

Tu inmensidad eleva las almas,

caminos llenos de esperanza.

Cantan las nubes,

hablan de tu grandeza.

Y bailan,

bailan  entre rocas de algodón.

David J Figueroa González