Publicado en Ensayo

Pálmenes Yarza más allá del tiempo

 

David Figueroa González

“Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora”
Pablo Milanés

Era una tarde lluviosa de mayo, en la casa de mis padres las gotas parecían  kamikazes estrellándose contra todo, la lluvia en Yaracuy tiene el encanto de un concierto y la nostalgia de un adiós, así que sin poder salir decidí sentarme en la sala y bañarme por primera vez con los poemas de la escritora yaracuyana Pálmenes Yarza, ese primer encuentro con sus versos me sembraron el deseo de buscar sus libros.

Una pregunta basta para que nuestra imaginación vuele a lugares, épocas e incluso nos traslade hasta la presencia de almas que ya han partido, la velocidad del pensamiento es como las alas de un colibrí seduciendo una rosa. Esta relación entre rapidez, resistencia y ternura la podemos observar en el poema “Retrato al olvido” de la gran poeta Yaracuyana Pálmenes Yarza, el cual pertenece a su libro titulado “Pálmenes Yarza”:

“Sé para mi constancia
música de río sin término.
Sé en mi soledad, fantasma,
sé penumbra!
No hagas nunca la noche en mi cielo
sin luna y sin estrellas.
Vete sin irte
como la brisa.
Llégame siempre
como una música ausente.”

En el prólogo de este su primer poemario el escritor y maestro Andrés Eloy Blanco la define como: “Poeta hondo, de absurda claridad sin transparencia; alma lírica en limbo… se nos expresa en una lucha con la inexpresión que deja por residuo ese poema entrecortado, que dice algo y deja sospechar más y angustia por lo que se le queda a ella en hervor, que es su forma de fervor”.

Pálmenes Yarza en algunos versos nos presenta el tiempo como símbolo del límite entre nuestro mundo y el más allá, mientras que a través de sus poemas trata de burlar el tiempo como un chamán en éxtasis, como un ser divino e inmortal, este aspecto de la vida, la divinidad y el tiempo lo observamos en la composición “Otro tiempo” del poemario “Contraseñas del tiempo,” así leemos:

“Hace su ademán el que entrega la ofrenda finita
y me entrega otro tiempo, otro tiempo.
Una promesa tiene letras borrables.
Una corola tiene breve vida.
Mi vida y mi muerte me dan otro tiempo.”

En el mismo orden de idea la escritora Judit Gerendas nos comenta: “La poesía de Pálmenes Yarza intenta captar la imagen del presente, el momento clave, y a la vez reencontrar el ámbito del pasado, el tiempo perdido. Se va produciendo un contraste rítmico entre espacio y tiempo y, en lograda cadencia, se evoca el mundo rural, el mundo de la infancia, a la vez que se atrapa, por momentos, el instante dentro de las entrañas del tiempo, en un asedio a la hora, al minuto, al parpadeo del segundo, en un ir y venir dentro de Cronos, el que a todos devora.”

Podemos detallar como la ontología tiene relevancia en los trabajos poéticos de la escritora Pálmenes Yarza, ello sin perder su acento femenino, su matiz fresco y romántico, sin relegar la profundidad metafórica de sus palabras que nos lleva a lo más intimo de su espíritu y sin apartarse de su influencia clásica en las formas y contenidos de sus poemas, muestra de ello lo encontramos en el siguiente fragmento del poema “19” de su obra “Borradores al viento”:

“Qué sería de mí si volvieras con tu bien
y tu forma definitiva?
Trueque nuestro, te fundes en un tú,
allí estoy enterrada,
te prolongan mis propósitos
allí destila la palabra no dicha.
Fechados por unanimidad
los ardientes bucares en el fondo del agua.
la piedra es una efigie secreta, un dios caído,
tu otra efigie en el tiempo,
la alcanzo tras el pecho desmañado aún tibio
de amarga sábila de miedo y desconcierto.

Pálmenes Yarza versifica el ritual de lo cotidiano, lo femenino, y la naturaleza, en sus producciones poéticas se evidencia de distintas formas como la ecología da un nuevo significado al tropo del cuerpo, ya sea a través del erotismo o recreando la figura del padre ausente, el escritor Gilberto Antolínez nos aclara al respecto: “podríamos decir que Pálmenes no conoció a su padre. Pues fue violentamente muerto cuando la poetisa entrada al sendero de la vida…Así habrá de surgir esa su poesía de continuas reminiscencias paternas, de presagios terribles de gritos de sílex contra eslabones crueles, de cósmicos hundimientos cataclísmicos, de simbólicos derrumbamientos del yo ante el mar del infinito” de esta manera en el poema “14” de su creación “Recuento de un árbol y otros poemas” encontramos:

“El samán sugiere el padre dual,
su fantasma hierático, después de la muerte final.
Al mío se lo tragó el mar,
y era testigo de los piélagos
de toda soledad.
A este
testigo de la estrella
no se lo traga el cielo.
De nosotros parece venir la tarde.”

Otro tema que la poeta desarrolla en sus escritos es el de la casa, donde la casa “no es simplemente una invención original de la cultura femenina”, como afirmaba Georg Simmel “Cultura femenina y otros ensayos”, sino también la metáfora de otra construcción, de una nueva poética que convierte la casa en la gran imagen reminiscente de su niñez, del pasado, de aquel pueblito que la vio partir. El poema “Miro mi casa” del poemario “Memoria residual” observamos lo siguiente:

“Miro mi casa: mi mejor parentesco,
en un minúsculo pueblo donde morí hace tiempo
extraña a las ciudades;
coloquio penumbroso
donde ofrecí
aquel vino
saliendo de un suelo sagrado
desde tumbas remotas”

Al margen de su producción poética, Pálmenes Yarza cultivó también el género ensayístico, ámbito en el que nos presentó varios volúmenes, entre ellos Al paso del tiempo (1955), Una ojeada al modernismo en la lírica venezolana (1994) y Miscelánea. En los ensayos de Pálmenes Yarza encontramos el pensamiento crítico, la seguridad del creador y la sutileza del conocer. En estos textos presenciamos, como la agudeza y la experiencia de una escritora puede destilar la verdad a través de su pluma y disfrutar de las trascendentales reflexiones sobre diversos tópicos que aborda en cada trabajo. Por ello en el ensayo “Arturo Michelena” la escritora nos dice:

“Aun recuerdo la primera vez que ví cuadros pictóricos: fue en un museo destinado a cárcel pública para entonces, en la ciudad de Valencia. Atraída por leyendas a título de máximas, héroes y batalla, y escudada en mi bulto de escolar, recorrí impávida el recinto. Otro día, ante el busto de una plaza, conocí al creador de aquellos cuadros. En mi proximidad alguien me informó que el busto representaba al pintor Arturo Michelena, autor de las decoraciones del Museo Páez. Así penetró mi fantasía una nueva voz, un nuevo personaje de sueños: el pintor.”

La anterior narración nos traslada desde el principio al mundo que la poeta comienza a relatarnos, la atmósfera nos envuelve mucho más allá de una simple crónica, nos hace cómplices y testigos de sus descubrimientos.

Pálmenes Yarza vivirá por siempre, no sólo como figura dentro de la literatura de gran vuelo en Venezuela y Latinoamérica, sino como maestra y formadora de quienes se acerquen a sus publicaciones. Ya lo decía el poeta Jacinto Fombona Pachano: “Hace tiempo he venido siguiendo la trayectoria de su poesía en las letras venezolanas, hoy puedo decirle que en las Américas. Créame que siempre distinguí las dotes singulares de alto y fino poeta. Y digo poeta porque para mí en el arte no hay sexos”

 

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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