Publicado en Ensayo, Poesía

Una Pluma Delirante: la obsesión de un escritor

Una Pluma Delirante:

 la obsesión de un escritor

 

David Figueroa González

 

“Alguna gente no enloquece nunca.

Qué vida verdaderamente horrible deben tener.”

Charles Bukowski

 

Hace poco desperté algo confundido en mi cuarto, por inercia bajé de la cama y sin darme cuenta miré el calendario, para sorpresa tres días se habían ido de mi vida. No entendía  dónde se habían ido todas esas horas, sin embargo, me sentía lleno de una nada absoluta, de un sin recuerdo tan espeso como el chocolate que solía beber en mi infancia. Esta situación extraña   me hizo recordar varios textos de mis autores favoritos, no sé si por sus vivencias sórdidas o por sus relatos donde la locura es tan común como la sensatez. Al respecto, la enajenación mental es una temática de larga data dentro de la literatura moderna. Por un lado, es como si hubiese una parte loca y otra parte cuerda en el autor. El loco sueña furiosamente o delira, mientras el cuerdo selecciona, modula, censura y organiza, hasta darle forma a la historia que va a desarrollar.

 

Con esa idea volando a mi alrededor, recordé   los versos del poeta Antonio Machado, en especial sus poemas de   Locura, los cuales se utilizan generalmente para simbolizar la actitud de las personas que se rebelan contra los límites de la razón, y que se dejan gobernar por la conciencia no-racional: la intuición, el idealismo, el pensar poético. Y de esta forma disfrutamos en el poema “Crepúsculo” apreciamos un estado de conciencia intuitiva, donde el autor evoca el momento en que el universo emana de la mente divina;

 

Caminé hacia el crepúsculo glorioso,

congoja del estío, evocadora

del infinito ritmo misterioso

de olvidada locura triunfadora.

De locura adormida, la primera

que al alma llega y que del alma huye,  

y la sola que torna en su carrera

si la agria ola del ayer refluye.  

 

Existe una línea delgada entre la demencia y la razón, y así lo descubrí al encontrarme con mis sombras en esas noches de escritura y desvelo, cuando las ideas son conejos que se reproducen sin parar, mientras la soledad y el frio juegan a abrazarme,  regalándome su compañía, especie de obsesión  que  anula la distancia entre realidad y ficción.  Igualmente revelamos como escritores de todos los tiempos han vivido en ese límite en el cual la normalidad y la locura se contagian, se mezclan como las aguas del mar y el río. Es decir, el escritor ha sido un mago, que puede asomarse al mundo de la locura sin perder de vista su propia visión de la realidad. De esta manera, la creatividad se vuelve posible, y el escritor exorciza sus demonios transfiriéndolos a la obra y a los personajes que los encarnan.

 

 En este sentido   el escritor Nicaragüense   José Coronel    al hablar de la poesía de su coterráneo Alfonso Cortés, manifiesta: “su poesía es misteriosa, disparatada como los sueños y oscura como las profecías.”   Así lo descubrimos en el escrito sublime titulado originalmente “Un detalle” y posteriormente por sugerencia del poeta Coronel Urtecho rebautizado “Ventana”. Este sutil escrito nos lleva como niños esperanzados a descubrir a través de su alma, un color azul, más azul que todo el cielo, tan increíble tonalidad que embriaga nuestros sentidos al contemplarla, leemos:

 

Un trozo azul tiene mayor
intensidad que todo el cielo,
yo siento que allí vive, a flor
del éxtasis feliz, mi anhelo.

Un viento de espíritus pasa
muy lejos, desde mi ventana,
dando un aire en que despedaza
su carne una angélica diana.

Y en la alegría de los Gestos,
ebrios de azur que se derraman…
siento bullir locos pretextos,
que estando aquí, ¡de allá me llaman!

 

 El psicoanalista austriaco Sigmund Freud planteó: “el sueño es un arte poético involuntario y que la construcción de los sueños tiene cosas en común con ese arte.” En este orden de ideas la poeta argentina Alejandra Pizarnik bajo su óptica le da una cierta esperanza a la demencia; suerte de sueño donde podemos fantasear con mundos donde escapar, de esta forma ella construye una nueva realidad edificada con palabras: “Tal vez esté enloqueciendo. Porque lo deseo, lo deseo tanto como la muerte. Cierro los ojos y sueño la locura. Un estar para siempre con los fantasmas amados, llámese paraíso, vientre materno, o lo que el demonio quiera”.  Con la poeta Ida Gramcko nos sumergimos en ese mundo onírico, donde aborda la relación del sueño y la demencia, con el convencimiento de que para soñar, es necesario cierto aire de enajenación y considera que el soñador es loco porque una intensa pasión se apodera del cuerpo y lo transformar, en los siguientes párrafos de “Atienda aquel que dijo” vemos reflejados esos elementos:

 

 Yo, que he soñado, yo, que no he dormido,

te pregunto sin voz desde mi lecho:

¿crees que el sueño protege del abismo,

 rescata del asalto y del incendio?

Yo, soñadora inmóvil, no he creído

en mi rostro apacible cuando duermo.

 

 Lucho soñando, sórdida, conmigo,

con un pájaro extraño, con el viento,

con un agudo y afilado pico

que me horada las sienes y el cerebro

 y dejo sangre en el cojín y heridos

flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.

 

En referencia al tema del afecto y la sin razón el filósofo y poeta Nietzsche lo expresó de esta manera; “Siempre hay un poco de locura en el amor, siempre hay un poco de razón en la locura.”  Sin embargo, el psicólogo Touraine en este sentido escribió:       “El amor es una transgresión social. Porque prefiere una persona a la sociedad, el amor contiene todos los gérmenes de la subversión”.  Estos elementos el filósofo Foucault los relacionó con la literatura y la poesía por su lenguaje hermético y a la vez transgresor del orden establecido. Por lo que el amor o el desamor son sentimientos complejos que pueden  llegar a despertar rasgos parecidos a los de un trastorno obsesivo-compulsivo, así como también la  pérdida de la concentración,  e incluso la dependencia, en las siguientes líneas del texto “A veces” del poeta cubano Nicolás Guillén observamos parte de esos elementos:

 

 A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir,
bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor
rompiéndome el pecho,
una flor, y decir:
Esta flor, para usted.

 

Sin embargo la otra cara de esta moneda es aún más oscura a la hora de manifestarse y me refiero al desamor, muchos manifiestan que el amor mata cuando en realidad es el desamor el que lleva a la enfermedad, a la locura o a la muerte en vida. Para algunos descubrirse engañados o enamorados en soledad  hace que de pronto, su corazón se desenfrene como corcel rabioso y  suelte un latido: un latido intenso y doloroso, que trae a su ser todo  sufrimiento y  tristeza o en casos más extremos  el suicidio, como reza el mito que rodea la muerte de la poeta  Alfonsina Storni donde se menciona : “una mujer que sufre, decide marcharse vestida de mar, caminando aguas adentro hasta ahogarse,”  ello supuestamente víctima de una depresión amorosa. Sin embargo, la realidad es que deprimida por una enfermedad que la aquejaba decide poner fin a su vida saltando en Mar del Plata, de la escollera del Club Argentino de Mujeres. De esta visión romántica surge la composición de los argentinos Ariel Ramírez y Félix Luna, como un homenaje a la poetisa:

 

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro
del mar, la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

 

Una afirmación del  gran escritor norteamericano Alan Poe perteneciente a su relato  “Eleonora”  nos muestra que la locura es la puerta abierta a otras realidades a otros espacios y son pocos los que pueden atravesar esa puerta y volver a relatarnos sensatamente,   el fragmento dice  así: “Los hombres me llaman loco, pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de inteligencia.” En este sentido “El elogiode” a la locura escrita por Erasmo de Rotterdam   nos ilustra como la locura es conocimiento terrenal, estoicismo y paciencia,  pues  ¿Qué sería de la vida sin un poco de locura?   Tal vez sería triste, aburrida, e ingrata… El siguiente extracto apreciamos lo expuesto:

 

“Sin mí, el mundo no puede existir ni por un momento, pues, ¿no está lleno de locura todo lo que se hace entre los mortales?, ¿no lo hacen locos y para locos? Ninguna sociedad, ninguna convivencia pueden ser agradables o duraderas sin locura, de modo que el pueblo no podría soportar a su príncipe, el amo a su sirviente, la doncella a su señora, el preceptor a su alumno, el amigo a su amigo, la mujer a su marido por un solo momento, si de vez en cuando no se descarriaran, se adularan, toleraran sensatamente las cosas o se untaran con un poco de Locura”

 

 

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

Un comentario sobre “Una Pluma Delirante: la obsesión de un escritor

  1. Karl Jaspers se preguntaba: “¿Dónde podemos establecer los límites entre el genio y la locura? ¿En la aparente oscuridad de un lenguaje claro? ¿En la densidad de una idea que se expresa imperfectamente a causa de la pobreza de nuestros desgastados y socializados símbolos lingüísticos?”. Existe, por lo tanto, una extraña presencia de razón y locura en todo creador; lo que conlleva a que haya una simbiosis, quizás metafórica, entre el bien y el mal que permite el movimiento del mundo

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