Publicado en Ensayo, Poesía

El café: templo para soñar y dialogar

saidman

A veces me metía en un café
acompañado de mi soledad”

Mario Benedetti

Hay palabras que evocan recuerdos e incluso rescatan aromas del tiempo, una de ellas es café, ese término me traslada a la hermosa ciudad de Mérida, era el año 2000 y visitábamos la patria chica de Don Tulio Febres Cordero, el viaje era motivado a la despedida de soltero de mi compadre Miguel. El siempre amigo Libio y mi persona habíamos acordado darle esa aventura como regalo, en vez de la fiesta tradicional que suelen hacerse para este tipo de acontecimientos (estríper entre otras cosas). Creo que visitamos todos los cafés del centro y en cada uno de ellos nacieron cientos o quizás miles de ideas, en particular rememoro el “Café el ático”, era un lugar bien íntimo con acabados de madera al estilo de los cafés europeos, que aparte del preciado líquido oscuro y humeante, conocido por ser la bebida social reconfortante más popular del mundo, también expendían las hermosas rubias espumantes.

Un café es un templo para soñar y dialogar, es la comunión de un grano tostado y molido, con el alma soñadora del hombre. De tal manera, en el libro AMÉRICA y otros cafés de la escritora y periodista Daniela Saidman, disfrutamos de esa intimidad y tranquilidad que conseguimos al compartir una buena taza de café y es que al degustar sorbo a sorbo los versos de este poemario nuestros sentidos entran en calor, calor que embriaga y nos invita a soñar, en el texto “Taza” saboreamos esas sensaciones:

Caf_Taza_1

Te imagino revolotear sobre la taza

asomarte al borde como un abismo

sumergirte

tanteas los espacios que le sobran al asa

mides las ausencias de los poros

mientras todo lo descubres con ojos de recuerdo

te sé con alas y con viento

presiento tus lágrimas y nostalgias

me humedezco mientras tanto

en lo poco que le han sobrado a los antojos”

Daniela Saidman nos regala en las páginas de AMÉRICA y otros cafés la oportunidad de impregnarnos con metáforas vestidas de aromas y ausencias, también percibimos ciertos aires de nostalgia y pérdida, los cuales le otorgan a algunos de sus poemas un baño de imágenes que nos sumergen en esa taza de café sin azúcar que a veces puede ser la vida. En este sentido, en el poema “Sinsabores” logramos captar esas impresiones:

Hay nostalgia como océanos

sinsabores y sabores, solos y compartidos

hay recuerdos que son olvidos

aunque ningún olvido pueda ser memoria

hay voces y rostros

manos y bocas

distancias y adioses

bienvenidas y cortejos

hay desencuentros y encuentros

margaritas y nomeolvides

y hay días en que la soledad es un consuelo”

Con la lectura de América y otros cafés descubrimos un poeta de elocuente brevedad, que sabe gerenciar la palabra para exteriorizar su mundo interior, cosmos que invita al encuentro con la mujer del siglo XXI, mujer que sin recelo canta al cuerpo, a la entrega y que dibuja las incidencias del amor que partió, de esta manera, divisamos en los versos de “Tiempos” esas huellas que la autora nos deja para seguirla:

el tiempo siempre termina por pasar

de espalda a las ganas o al futuro

los días se internan en lo imposible o posible

de lo que hemos dejado de ser

o de lo que nunca fuimos y quisimos

las horas transcurridas por mi vida

de sueños y utopías casi todas realizables

han dejado a esta mujer que se multiplica

en las entrañas de los cuerpos recorridos y por

recorrer

mis voces arena y ganas

del presente recién pasado

han dejado de pronunciarte”

También corren por América y otros cafés las penas de la cotidianidad donde el silencio escolta al amor, la soledad se ve acompañada de nuevas soledades, es el café de la despedida con ese dulce-amargo que la vida suele presentarnos, a veces con más frecuencia de lo deseado, en tal sentido en “Cumpleodios” logramos sentir el pesar que las palabras consiguen transmitir:

Otra soledad se suma a las veintinueve ya vividas

una más

otro silencio

diciembre de arena en la boca

soledad acumulada en los ojos

debajo de las uñas

como rasguños de años y vidas

como heridas en los pasos con que se imaginan

las mañanas por amar”

América y otros cafés es un sitio de encuentros donde disfrutamos no sólo de las composiciones poéticas de Daniela Saidman, sino también un universos donde se conjugan mares de ideas con suma naturalidad, incluso podemos observar en algunos párrafos propuestas con ciertos matices socialistas, tal vez como diría el comandante “Che”: “Si no hay café para todos, no habrá para nadie”. Dicho de otro modo, disfrutamos en este texto una invitación a la reflexión presentada de manera lirica y personal, casi tan cercana como si estuviéramos sentados, conversando en una cafetería, en el poema “Noción de patria” podemos dar cuenta de ello:

Noción de patria

es tu cuerpo y mi cuerpo sediento

América en minúscula

guayabas sin nortes

tierra sin muertes

realidad de cerros y ríos crecidos

banderas de sueños

noción de patria es la memoria

la herida silenciosa

brotando de los ojos

y las manos del nosotros

noción de patria es el arrullo

de los niños que andan despacito

el recuerdo del futuro”

En las hojas de América y otros cafés saboreamos la comunión del gozo y el deseo las cuales se fusionan en una taza humeante llamada cuerpo; así descubrimos tazas nostálgicas por caricias ausentes, tazas anhelantes del café que incita un vibrante despertar, taza portadora de un café hecho besos, tal vez por esta relación el escritor Alejandro Dumas dijo: “La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir”. En tal sentido en la composición “Ganas” la poeta nos revela un bouquet lleno sensibilidad:


“Un café en mitad de la noche
un estornudo venido desde el rocío
una mañana conmovida por el abrazo
um sorbo alcoholizado de nostalgias
tu beso sobre el abismo de mi boca
Un chocolate a medias
y la certeza del amor sobre la almohada”

Dice una antigua reflexión española: “Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, haces que las cosas a tu alrededor mejoren”, probablemente el poemario América y otros cafés fue para su creadora ese grano de café que le ayudó a exorcizar sus demonios para lograr ese bienestar que menciona la anterior sentencia española, lo que sí es cierto, es que sus palabras han resultado ser bebidas estimulantes para los sentidos, como es evidente en las líneas de “el cielo”:

el cielo

cortina de aspas y ronquidos

tu nombre silenciado por las hélices

que rasgan el aire

en una procesión de odios

la distancia sabe a café recién colado

como una especie de infusión

que se parece al andar del Orinoco”

cafe

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

Un comentario sobre “El café: templo para soñar y dialogar

  1. Cuando ya pensaba con alivio que América y otros cafés había desaparecido de toda memoria y olvido, llego a tus palabras… Con alrededor de diez años de distancia es tal vez un poco vertiginoso reencontrarse con quien nos encontramos en el espejo aunque ya no nos reconozcamos. Gracias por devolverme ese trozo que entre tazas creyó alguna vez ser poeta… Y gracias también por la lectura y el texto que la evoca.

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