Publicado en Ensayo

Ritmo, color, y tradición en los versos de Nicolás Guillén

Ritmo, color, y tradición

en los versos de Nicolás Guillén

 

“sobre el sueño de una flor;
trina el poeta divino…
¡Bien trinado, Ruiseñor!”

Rubén Darío

Una melodía, una canción o unos versos logran  transportarnos a otros tiempos y hacernos  revivir recuerdos, tal es el caso de la canción “Y en eso llegó Fidel” del cantautor Carlos Puebla, dicha letra me traslada a mi infancia, a las historias de mi padre y sus amigos que formaron mi carácter, historias tales como, la erradicación del analfabetismo en Cuba, su buena música y su impecable literatura. Tal vez, por esas razones entre los escritores de esta isla antillana me gusta destacar  al poeta Nicolás Guillen, quizás por la empatía que tengo hacia su propuesta lirica, donde se realzan  los valores étnicos-cultuales, incluso me atrevería a decir del continente latinoamericano de manera armónica y revolucionaria

Guillén plasmó en sus trabajos la reivindicación de la cultura cubana, elevando el son a estrofa poética. El son es una música que combinan la melodía, los metros y los instrumentos musicales con la tradición del canto y el ritmo  africano, dichos elementos los provecha el escritor para convertirlos  en el principal recurso estilístico de su obra. En tal sentido el  poeta, ensayista y novelista haitiano René Depestre manifiesta: En la poesía de Nicolás Guillén, el afán de belleza del verso, su musicalidad, su fuerza de combustión lírica, y la voluntad de eficacia social de su palabra, con la ayuda de una técnica consumada, no son sino una sola llama en la noche del mundo”. En tanto, observamos  en su poesía las dos formas que presenta el son, según  lo describe el escritor  cubano Regino Boti:  “ Primero hay una pregunta a la que corresponde una respuesta o comentario por el coro, y en la segunda, una pregunta a la que le corresponde un comentario que se repite más de una vez,” estas características le sirven al poeta Nicolás Guillén para darle armonía a la construcción de sus estrofas, así lo apreciamos en trabajo  Tú no sabe inglé  del poemario “Motivos de son” de 1930

“Con tanto inglé que tú sabía,
Bito Manué,
con tanto inglé, no sabe ahora
desí ye.

La mericana te buca,
y tú le tiene que huí:
tu inglé era de etrái guan,
de etrái guan y guan tu tri.

 

Bito Manué, tú no sabe inglé,
tú no sabe inglé,
tú no sabe inglé.

No te namore ma nunca.
Bito Manué,
si no sabe inglé,
si no sabe inglé.”

 

La poesía de Nicolás Guillén ha sido denominada o calificada de numerosas formas: “negrismo” “afrocubanismo”, “mulatismo”, o “negritud”. Sin embargo, el propio Guillén, en el prólogo a Sóngoro Cosongo, la denomina  como “poesía mulata”, definición que le otorga  sentido universal  al mestizaje.  Al respecto el poeta chileno Pablo Neruda  expresó: “las palmeras y las caderas, los vientos y los cuentos tienen el perfume ácido, salado y azul de la espuma antillana, y propagan un sonido de plata fina y cascabel silvestre; son sonidos que Nicolás Guillén recibió como herencia en la sangre o donación que él hizo de su activo corazón haciéndolo patrimonio sonoro de su pueblo.En tanto otro de los logros del poeta es el rescate en sus poemas-son de la experiencia oral-musical que pasó del negro esclavo a la población mestiza y después a todas las clases sociales. Ejemplo  de ello lo observamos en su  Canto negro, encontrado en el poemario “Songoro Coongo” publicado en 1931 donde las voces de resonancia africana otorgan cierto sabor al conjunto poético

“¡Yambombó, yambambé!

Repica el congo solongo

Repica el negro bien negro

Congo solongo del Songo

Baila yambó sobre un pie.

Mamatomba,

Serembe, cuserembá.

 

El negro canta y se ajuma,

el negro se ajuma y canta,

el negro canta y se va

 

Acuememe serembó.

                             aé

                       yambó

                              aé

 

Tamba, tamba, tamba, tamba,

Tamba del negro que tumba;

Tumba del negro, caramba,

Caramba, que el negro tumba:

¡yamba, yambó, yambambé!”

 

Por los versos de Nicolás Guillen fluyen cascadas líricas que  exaltan  la Revolución,  su pluma  se convirtió en la  cronista poética de la Sierra y de las conquistas revolucionarias, pero también recuerda la dolorosa pérdida del Che. La docente e investigadora María Eugenia Urrutia expresa al respecto: “La identificación entre él y su pueblo es tal, que la  historia puede estudiarse a través de su poesía.”  En sus palabras un país ve reflejada sus tradiciones, su alegría y esperanza por la construcción de la nueva sociedad. Como se puede constatar en las líneas de Che Comandante perteneciente al libro “La rueda dentada” editado en 1972

“No porque hayas caído
tu luz es menos alta.

Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.

Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerio, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos
Che Comandante,
amigo…

 

Estás en todas partes. En el indio
hecho de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles,
y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante,
amigo.”

En algunos de los  versos de Nicolás Guillen  aflora la frescura del amor, el mismo se  manifiesta con la figura del lenguaje cotidiano y fresco, conservando  las características  innovadoras que este maestro a  introducido a la escritura, como lo son: el ritmo, la sonoridad y  la melancolía entre otros.  En este mismo sentido el autor ha manifestado  Mis poemas-sones me sirven además para reivindicar lo único que nos va quedando que sea verdaderamente nuestro, sacándolo a la luz, y utilizándolo como elemento poético de fuerza”. Esos elementos rítmicos, armónicos  y afectivos  los disfrutamos en el poema  Mariposa de a su primera obra elaborada en la  adolescencia   “Cerebro y corazón”, inédito hasta 1965 que lo publicara Ángel Augier en la reedición de su biografía, “Nicolás Guillén; notas para un estudio biográfico-crítico”.

“Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera
como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara
sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.”

 

Para concluir  y como detalle anecdótico quisiera mencionar que  quizás ese detalle de haber transcurrido  43 años para la publicación de su primer poemario, sea tal vez, la forma como el destino colabora  con el bardo para que se confirme lo que él afirmaba: “Nunca he podido hacer  un poema de un tirón. Modifico constantemente lo que hago. Algunos poemas han llevado tres años, como por ejemplo Elegía a Jesús Menéndez.” Disfrutemos un fragmento de la citada elegía:

 

Jesús es negro y fino y prócer, como un bastón

de ébano, y tiene los dientes blancos y corteses,

por lo que su boca se abre siempre amanecida;

 

Jesús brilla a veces con ojos tristes y dulces;

a veces óyese bramar en sus ojos un agua embravecida;

 

Jesús dice carro, río, ferrocarril, cigarro,

como un francés renuente a olvidar su lengua

de niño, nunca perdida;

 

 

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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