Publicado en Ensayo

Los hermanos Grimm: El rescate de la tradición

 

Los hermanos Grimm:

El rescate de la  tradición

 

“Cuidad vuestro folklore,

porque la verdadera poesía

 la hace el pueblo”.

Antonio Machado

 

 

Hay vivencias que marcan realmente, quizás tanto como la primera cita con el abecedario, el primer paseo en bicicleta  o esa ingenua caminata de manos agarradas por el colegio. Yo recuerdo siempre ese encuentro inicial con las letras, mi madre educadora de formación y maestra de corazón, me guió por esos caminos de los signos y símbolos hasta lograr que los  decodificara,  así  pude  leer  y vivir los relatos que mi padre me había contado tiempo atrás, muchos de ellos fueron los recolectados y escritos por los hermanos Grimm.

Los alemanes Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, conocidos mundialmente como los hermanos Grimm, gracias a la tradición oral  rescataron del viento muchos de los cuentos que solían oír,  luego con su ingenio los adaptaron  al  público infantil y así  prevalecen como un tesoro. Una de esas narraciones fue  “Caperucita Roja”,  la cual originalmente finalizaba   cuando la protagonista era  devorada por el lobo junto a su abuela y sólo el  feroz animal sobrevivía triunfante. Sin embargo en la narración  de estos hermanos  se introduce  un personaje que no existía: el cazador o leñador, quien  al final  de la obra libera a Caperucita y a su abuela,  a demás, ellos en este trabajo aprovechan  la figura materna  para indicar a los lectores enseñanzas como: “mantente por el buen camino, no hables con extraños, o sé obediente”. A continuación disfrutamos  el fragmento final  de ese texto:

“-¡Oh, abuelita! dijo, qué orejas tan grandes que tienes.

-Es para oírte mejor, mi niña”-, fue la respuesta.

-Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes.

-Son para verte mejor, querida.

-Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes.

-Para abrazarte mejor.

-Y qué boca tan grande que tienes.

-Para comerte mejor.

Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita.

Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente.

Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó: 

-¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda.

 Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí. 

-¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador!- dijo él.- ¡Hacía tiempo que te buscaba!

 Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita salió rapidísimo, gritando,

– ¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!,”

Quizás, desde que nacemos la vida está marcada de cierta forma por cuentos,  ya sea  si  se plantea desde el punto de vista del escritor y psicólogo infantil austriaco Bruno Bettelheim, el cual manifiesta: “los cuentos maravillosos ayudan al niño a desarrollar el sentimiento de identidad, a comprender lo que ocurre en su yo consciente e inconsciente ordenando o fantaseando sobre los elementos de la historia e identificándose con sus protagonistas. Los cuentos aportan imágenes que le ayudarán a canalizar sus propios sueños y actuaciones, sobre todo sus miedos y la incomprensión de ciertos fenómenos o relaciones sociales”. O si se esgrime desde la posición lírica  del escritor español  León Felipe quien en su poema “Sé todos los cuentos” nos dice:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto y he visto
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos
que los huesos del hombre los entierran con cuentos
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos
y sé todos los cuentos.”

Lo que sí podríamos dar como cierto en este sentido es que desde que nos bañamos en los mares de la fantasía bien sea por anécdotas oídas o fábulas  leídas, cuando la imaginación  despierta  nos lleva por caminos sin fronteras y nos arropa un  mundo de  emociones. En tal sentido,    Jean  Piaget   plantea: “El niño aprende a pensar un poco antes de aprender a hablar; por lo tanto capta o intuye los símbolos aunque desconozca las palabras.”  Por lo que, al leerles  cuentos a los niños podemos  descubrir junto a ellos un mundo que está más allá de las letras.  Esos  hallazgos  lo  disfrutarlos en  cuentos como: “Hansel y Gretel”  allí el relato nos hace percibir  la sensación de abandono y hambre, o en  “Blancanieves”, donde una  reina  malvada nos enseña sobre  la envidia y  los celos. Finalmente en  “La Cenicienta” la avaricia galopa haciendo de las suyas, mientras  la ambición utiliza a su antojo a las hermanastras como marionetas, así lo detallamos en el siguiente fragmento de esa obra:

“La esposa de un rico hombre cayó enferma, y sintiendo que ya estaba en sus últimos días, llamó a su única hija a su lado y le dijo:

-“Mi querida hija, se siempre buena y piadosa, y así el buen Dios te protegerá todos los días, y yo también velaré por ti desde el cielo y estaré cerca de ti.”-

Momentos después la buena señora cerró sus ojos y partió al reino de Dios. Todos los días la joven visitaba la tumba de su madre, y lloraba, y se comportaba buena y piadosa. Cuando llegó el invierno, una gran capa de nieve se formó sobre la tumba, y cuando el sol del verano la derritió, su padre tomó a otra mujer por esposa.

La nueva mujer llegó a la casa con dos hijas, las cuales eran guapas y de lindas caras, pero viles y de negro corazón. Allí empezaron los malos tiempos para la pobre hija del señor.”

 

Como hemos podido observar  una de las características particulares de los cuentos de hadas son  las aventuras que narran, las mismas tienen que ver con el mundo natural y sobrenatural, como lo demuestran sus personajes arquetípicos: princesas, príncipes valientes, ogros, gigantes, dragones, madrastras y brujas malvadas, hadas madrinas entre otros. Por tanto, los  cuentos de hadas  poseen la particularidad de plantear  conflictos  de un modo que el niño llegan a comprenderlos consciente o inconscientemente, además  ofrecen ejemplos de soluciones a las injusticias y transmiten el mensaje de que la lucha contra las dificultades de la vida es inevitable y si no huyes al enfrentarlas  saldrás   victorioso. Ejemplo de ello lo encontramos en la narración Rapunzel”:

 

El hijo del rey se confundió todo con dolor, y en su desesperación saltó desde lo alto de la torre. Él escapó con vida, pero las zarzas en que cayó le agujerearon los ojos. Entonces anduvo errante y  ciego por el bosque, comiendo únicamente raíces y bayas, y no hacía más que lamentarse y llorar por la pérdida de su amada esposa. 

Así él vagó miserablemente por varios años, y al fin llegó al desierto donde estaba Rapunzel, quien con los gemelos que ella había dado a luz, un niño y una niña, vivían en desdicha. 

Él oyó una voz, y le pareció tan familiar que corrió hacia donde la oía, y cuando llegó, Rapunzel lo reconoció y arrecostándolo sobre su cabeza, lloró. Dos de sus lágrimas le humedecieron sus ojos, y le devolvieron la vista y pudo ver tan bien como antes. Él entonces la llevó a su reino donde fue recibido con júbilo, y en adelante vivieron muy felices y contentos.”

Estos antiguos cuentos hijos de la de tradición oral no sólo sirven para  la educación de los más pequeños,  ya que sus relatos llenos de aventuras los llevan a adentrarse en mundos inexplorados,  a la vez que  les incentiva su creatividad y aumenta su léxico gracias al ludismo de la palabra. Por otro lado,   a través de ellos los niños participan del imaginario colectivo con personas adultas, involucrándose  en el mundo artístico-cultural, lo que les da un sentido de pertenencia-conexión con la sociedad y sus rituales, en el siguiente fragmento del  relato “La luna” se ven esos elementos descritos anteriormente:

“Sin embargo, como los pedazos de la luna se habían unido juntos otra vez en el mundo inferior, donde la oscuridad siempre prevalecía, vino a hacer que los muertos se agitaran y despertaran  de su sueño. Y se sorprendieron cuando se sintieron capaces de ver otra vez. La luz de la luna era completamente suficiente para ellos, ya que sus ojos se habían hecho tan débiles que no podrían haber aguantado la brillantez del sol. Ellos se levantaron y se pusieron contentos, y regresaron a sus antiguos modos de vivir. Algunos iban a los juegos y a bailar, otros se fueron a los comercios, donde  pidieron vino, se emborracharon, se pelearon, y por fin tomaron porras y se apalearon unos a otros. El ruido se hizo mayor y mayor, hasta que por fin llegó al cielo.

San Pedro, que guarda la puerta de cielo, pensó que el mundo inferior había estallado en rebelión y reunió a las tropas divinas, que deben hacer retroceder a Satanás cuando él y sus socios asaltan el domicilio del cielo. Como éstos no llegaron, subió a su caballo y saliendo por la puerta de cielo, descendió al mundo de abajo. Allí él redujo a los muertos al sometimiento, les pidió que se acostaran en sus tumbas otra vez, y se llevó la luna con él y la colgó en el cielo, donde quedó desde entonces.”

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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