Publicado en Ensayo

El Bolero es la Bohemia Literaria

El Bolero es la Bohemia Literaria

 

“Hasta la muerte te amaré,

dicen muchas  canciones.

De poema a bolero,

la pasión es la misma.

Cuestión de matices”

 

Adriano González León

Una vez un amigo me dijo  ” en el bar la vida es más sabrosa”, estaba pasando una fuerte crisis emocional, se encontraba “enguayabao” él  comentaba que allí podía escuchar los consejos de personas sabias que se comunicaban a través de una vieja rockola, que aquella maquina al igual que un psiquiatra esperaba a sus  pacientes “despechados” para ofrecerle sus mejores palabras, sus mejores Boleros y mientras aguardada su turno, una fría o un trago de ron le suavizaba la pena.  Así que quien haya estado enguayabao que lance el primer bolero, ya que uno de los milagros que ocurren al escuchar un bolero o leer  un poema es descubrir que fueron  escritos para el alma  que lo disfruta: no hay que cambiar una nota o una sílaba.

Existen muchos conceptos para identificar al bolero, pero me gusto uno en especial que lo define así: “es el género musical que mejor enseña el romanticismo del pueblo latinoamericano, sea para el amor o el desamor, el bolero expresa los  sentimientos con exactitud. Por ello puedo decir que cuando  oigo un bolero sé que lo es, porque cuando un tema te toca el alma, el corazón, entonces se puede decir que estás en presencia de un bolero. El bolero no hace más que cantar un sentimiento universal: el amor. Tan universal, que las palabras son las mismas que exaltan Cesar Vallejo  o Los Pancho, Pablo Neruda o Daniel Santos, Juan Antonio Pérez Bonalde o Felipe Pirela.

El bolero con sus altos y sus bajos, sus logros y sus excesos, es un vestigio del romanticismo, es todavía hoy día un movimiento espiritual que rebasa las fronteras de la literatura y el arte y se convierte en forma de vida, en lectura, en pulso vital de todo cuanto nos rodea e históricamente nos ha tocado. Para  hombres y mujeres el bolero siempre ha estado como telón de fondo en todas las situaciones  sacros y profanos, en los momentos de alegría y en los fracasos, quizás esas situaciones, expliquen la  permanencia espiritual del bolero, que nos regalan  letras maravillosas como: “El Mar y  El Cielo” de Julio Rodríguez Reyes parte del trío Los Panchos:

“Me tienes, pero de nada te vale

soy tuyo porque lo dicta un papel;

mi vida la controlan las leyes,

pero en mi corazón

que es el que siente amor

tan sólo mando yo.

 

El mar y el cielo

se ven igual de azules

y en la distancia

parece que se unen.

 

El bolero tiene arraigo en lo popular no sólo porque nace de sentimientos, de compositores bohemios e intérpretes que entregan en un bolero…la vida; sino porque su discurso está impregnado de simbologías que tienen su representación en la identidad de los pueblos. Allí, la palabra expresa las formas de las vivencias amorosas, cercanas a la cotidianidad del roce y el goce carnal, con el añadido de la relación afectiva de los seres humanos. Por eso la certeza que Mario de Jesús imprime cuando nos dice: “Ese bolero es mío/ desde el comienzo al final/ no importa quién lo haya hecho/, es mi historia y es real”. Ese relato se ubica en la cotidianeidad del amor y la relación de pareja transcendiéndola y haciéndola sublime desde el discurso. No sin motivo ha sido declarado Poesía Popular.


El bolero, contrario a la canción moderna, conserva el romanticismo sutil en la mayoría de las veces. La lírica bolerística fue influida por corrientes literarias muy fuertes como: el Romanticismo y el Modernismo. Del Romanticismo el bolero recoge temas como: el ser amado difícil o el ser amado imposible; en el tema “Historia de un amor”  del autor panameño Carlos Eleta Almarán, observamos lo anteriormente planteado:

“Ya no estás más a mi lado, corazón

En el alma sólo tengo soledad

Y si ya no puedo verte

Porque Dios me hizo quererte

Para hacerme sufrir más

Siempre fuiste la razón de mi existir

Adorarte para mí fue religión

Y en tus besos yo encontraba

El calor que me brindaba

El amor, y la pasión”

El bolero es el idioma por el cual los enamorados felices o infelices se proyectan. Los cantantes son las voces de corazones rotos por “amor”. En la interpretación del bolero se bañan las almas de los enamorados para sentirse menos desamparados o menos solos. Recurren al bolero como lenguaje poético del amor, que los ayuda en sus periplos sentimentales. El bolero es una obra social en la cual el autor de la letra, la música y el cantante  actúan como voz de las diferentes relaciones amorosas. Así disfrutamos de “Contigo Aprendí” del  compositor mexicano Armando Manzanero:

“Contigo aprendí

que existen nuevas y mejores emociones

Contigo aprendí

a conocer un mundo nuevo de ilusiones

 

Aprendí

que la semana tiene más de siete días

a hacer mayores mis contadas alegrías

y a ser dichoso yo contigo lo aprendí”.

El bolero congela para la eternidad los sentimientos, es como si cada tema coincidiera con una época determinada de la vida. Así como existe una poética del espacio y sin duda, una poética del tiempo, es evidente que hay una etapa de la libre asociación, en la que uno puede decir con la pieza de César Portillo de la Luz, “Contigo en la Distancia” lo anteriormente mencionado.

“No existe un momento del día
en que pueda apartarme de ti
el mundo parece distinto
cuando no estás junto a mí
No hay bella melodía
en que no surjas tú
ni yo quiero escucharla
si no la escuchas tú”

El es un sentimiento tan profundo que escritores como Gabriel García Márquez han manifestado: “Expresa sentimientos y situaciones que a mí me conmueven y que conmovieron a muchísima gente de mi generación. Un bolero puede hacer que los enamorados se quieran más y a mí me basta eso para querer hacer un bolero.  Lograr que los enamorados se quieran más, aunque sea un momentico, es culturalmente importante, y si es culturalmente importante es revolucionario”.  Allí no sólo está de  manifiesto su bolerofilia sino también su respeto por el género.

En términos generales, el discurso del bolero es masculino y en más de una ocasión machista, pero, puede ser “obra abierta, ambigua, andrógina”, idea digna de matizaciones, y además del universo masculino, lo cierto es que el bolero incluye también la galaxia de la mujer, con complacencia en sus transgresiones y en el poder femenino, en canciones como Amo y Esclavo”  nos deleitamos de ello:

“No sé que tienen tus ojos,

no sé que tiene tu boca,

que dominan mis antojos

y a mi sangre vuelve loca.

 

No sé cómo fui a quererte,

ni cómo te fui adorando,

me siento morir mil veces

cuando no te estoy mirando”.

 La lírica bolerística y la música, tal vez por su lenguaje cotidiano se siembran en los niveles más profundos de quienes la disfrutan,  es extraño conocer a alguien que no se haya elevado con una canción romántica o que no haya cantado o tarareado un bolero. Decir bolero es decir pasión, velas que danzan y calor que alborota los sentidos, Eros jugando con el alma del escucha. El bolero es una eterna referencia al cuerpo que anhela al otro, a la entrega de la pareja cuando baila.

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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