Publicado en Ensayo

Poesía Mágica creación literaria

Poesía

Mágica creación literaria

“podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.”

Gustavo  Bécquer

 

 

Recuerdo una mañana de mi infancia en que hice un papagayo. Ese día no había clases y el viento barría las nubes dejando en el cielo limpio un espléndido sol. Mis primos y Yo nos reunimos en la casa de mi abuela  y con papeles de colores, unos trozos de cañas y unas tiras de trapos viejos, hicimos un papagayo. El viento no dejaba de soplar y nuestro papagayo se elevaba muy alto. Así fue: el papagayo subía y subía impulsado por breves tirones que dábamos en el hilo; el viento la iba alejando y la alegre trenza serpenteaba en el aire equilibrando su peso. Cuando llegó al punto más alto, desde donde nos enviaba mensajes por la tensa corriente del hilo, alguien lo soltó y nuestro papagayo se fue volando libre hasta que, después de trazar una enorme curva, la vimos caer  inocentemente tras los árboles de la otra casa. No pudimos recuperarla y, tal vez, lloramos por el sueño perdido.

 

La sensación de libertad en el viento y en el vuelo de la cometa, ese sentimiento de pena por algo que se nos arrebataba, de inmediato, la alegría renovada en la invención de otros juegos en el patio lleno de movimientos y de reflejos, fue una visión inexpresable… En aquel tiempo sólo pudo manifestarse mediante una simple frase enunciativa, incapaz de contener la totalidad de la experiencia: “El papagayo que hicimos subió muy alto y al soltar el hilo se cayó”.

 

Si entonces me hubiera sido posible revivir en palabras lo vivido habría logrado tal vez un texto poético. La intuición transformada poéticamente se habría revelado en signos lingüísticos, ritmos, imágenes, creando de esta manera un objeto verbal válido en sí mismo.

 

La imaginación nos acerca a la realidad y al mismo tiempo nos separa de ella, estableciendo una relación más profunda al interiorizarla. Y este mundo entrañado es el que se transmuta en el texto.  Producir un texto no es reproducir la realidad sino crear con el lenguaje una ilusión de realidad que no se agota en los límites de su propio espacio, sino que emite otras significaciones, es crear mundos nuevos. De ahí que en cada texto es único e insustituible, la palabra se manifiesta más allá de sus cauces normales en una pluralidad de significados. La palabra literatura procede del vocablo latino littera, que significa letra y se denomina literatura al conjunto de obras y escritos. Según Aristóteles “la poesía era/es un arte o una actividad creadora (espiritual, libre) que el hombre desempeña mediante el lenguaje, con el afán de crear algo, por el placer de crearlo”. Hoy día se considera literatura al conjunto de obras artísticas creadas mediante el lenguaje, oral o escrito.

 

Literatura es creación lingüística y artística; la obra resultante de dicha creación es una obra de arte u obra literaria. La creación literaria es un acto lingüístico, un acto de expresión, de significación, de comunicación y como cualquier otro hecho del lenguaje, el texto creado es un mensaje emitido por un emisor, recibido o captado por un receptor, transmitido por un medio de transmisión o transmisor, producido en una situación histórico- social y en un contexto lingüístico-literario determinado, referido a un referente, y cifrado conforme a un código.

 

El habla, como acto de comunicación personal, tiene una finalidad referencial práctica (saludar, informar, pedir) o lógica (conceptualizar, ordenar, explicar la realidad). En cambio, en un proceso creativo, el lenguaje deja de ser instrumento para nombrar la realidad y se vuelve realidad en sí mismo. El lenguaje creador tiene como punto de partida motivaciones generadas desde el lenguaje mismo, desencadenantes de un tejido de palabras que se cruzan y se entrecruzan, van y vienen, cuerpo sonoro y rítmico, polisemia, letras, puntos y comas, frases, espacios en blanco, silencios, sistemas de hilos que por más que se anuden siempre vuelven a desatarse para desplegar de nuevo su potencial significativo.

CANTO DE MÍ MISMO

Walt Whitman

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre,

hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres de cuyos padres nacieron aquí,

lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad

y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas,

las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Traducción: Jorge Luis Borges

El lenguaje poético es siempre un hallazgo a través del cual se van revelando caminos interiores y cauces verbales. En el encuentro íntimo del yo con la palabra se unen la resistencia a una entrega mutua y la fascinación que ejercen esos signos mínimos capaces de crear mundos.  Y así, al empezar a escribir, se siente una emoción inicial ante las infinitas promesas de deleite en la expresión de textos “por venir”. Se vislumbra todo lo que parece posible y se genera esa energía interior que impulsa al escritor y a la escritora en ciernes a la aventura de lo inexplorado con la expectativa del descubrimiento. Y es entonces cuando comienza el verdadero aprendizaje.

 

Según Borges existen dos teorías extremas de la poesía. La primera,  Es la inspiración. La idea de la inspiración es la idea del poeta como secretario, digamos: como alguien que recibe el dictado de una fuerza desconocida. Entonces los griegos pensaban en las musas, los hebreos pensaban en los reyes, en el espíritu… Se puede pensar también en lo que el gran poeta irlandés William Butler Yeats llamaba “great memory,” la idea de que en cada uno de nosotros yace la memoria de nuestros ancestros. Somos infinitos. Entonces el poeta no se puede reducir a su realidad personal y escribe sobre todo lo habita en esa gran memoria. Se podría pensar también en los arquetipos platónicos, eso sería lo mismo; es decir, uno tiene todo y uno lo expresa:

EL VINO ENTRA EN LA BOCA

William Butler Yeats

El vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.

Traducción: Luis Zalamea

 

La segunda sería la desarrollada por ese gran poeta, Edgar Allan Poe, al cual todos debemos alguna cosa. La teoría de Poe, que él ha expresado en su Filosofía de la composición, es que la poesía, la creación poética, es un acto intelectual. El tomó su  poema—”El cuervo”—, y explicó cómo llegó a ese resultado. Según él, comenzó por la idea del refrán; la importancia, la fuerza estética del refrán. Entonces pensó: los dos sonidos más sonoros de la lengua inglesa son [eer] y [oor], entonces llegó, inmediatamente, según él, a la palabra nevermore y después pensó: es bastante extraño que un ser dotado de razón repita continuamente la misma palabra, entonces pensó en un animal, pensó en un loro. El leía en ese tiempo Barnaby Rudge de Dickens y ahí encontró un cuervo, entonces el cuervo le sugirió el busto de Palas, el busto le sugirió una biblioteca y siguió así, por un sólido razonamiento, hasta la escritura de su poema “El cuervo”. Según él, comenzó por el último verso, Shall be lifted nevermore!, y después escribió el resto:

El Cuervo

Edgar Allan Poe

La ventana abrí —y con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
con aspecto señorial,
fué a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Palas la figura representa
fué y posóse —¡y nada más!

Traducción: Juan Antonio Pérez Bonalde.

 

Sea cual sea su fuente (inspiración o intelectual), la creación generan obras de sin igual belleza literaria, donde intervienen signos lingüísticos y  figuras literarias, que permiten construcciones gramaticales que se apartan de la sintaxis habitual para aumentar o matizar la expresividad. El artista es esencialmente un «hacedor», como diría J.L. Borges, “su objetivo no es la especulación sobre el ser, sino la creación de un objeto, de una obra de arte que constituye un aumento del ser.” La creación de una obra de arte y de literatura es el resultado materializado de un conocimiento poético, una inexplicable inmersión de la subjetividad del autor en la realidad, la aceptación de la obra requiere unas capacidades aprehensivas (involucrarse emocionalmente) adecuadas. Es decir, el receptor debe poseer la capacidad de «consentir», de «sintonizar» afectiva e intuitivamente con la realidad configurada en la obra.

David Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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