Publicado en Ensayo

Juantopocho: Entre Política y Espantos

Juantopocho: Entre Política y Espantos

 

“Su apodo era una de esas palabras que se oyen

en cualquier parte como un sonido simple”

Rafael Zárraga

 

“El socialismo no existe

pero de que vuela, vuela

El capitalismo sí

y hay que matarlo”

Víctor Valera Mora

Una noche nos encontramos reunidos un grupo de amigos en una hacienda del estado Portuguesa, por allá donde dicen que “el diablo perdió las chancletas” Estábamos en Guanarito, la ciudad natal del Silbón, ese famoso espanto llanero que según cuentan le aparece a  los hombres bonchones para asustarlos.

 

Mientras conversando y pasábamos de un tema a otro,  recordaron que era yaracuyano y por Fama todos mis coterráneos tenemos en común que nos llamen Brujos  o como digo yo, siempre con el humor sarcástico por delante, “no es que seamos Brujos si no que son los teteros de tabaco que nuestras madres nos dan después que nos quitan el pecho, lo que nos desarrollan la materia;” así dimos inicio a una larga charla sobre espíritus y espantos.

 

Uno de los presentes cuenta que “una vez en Ospino, hace mucho tiempo en pleno velorio, el difunto se levantó del ataúd pidiendo agua y en la sala de la casa no quedó un alma”. Este asunto de los muertos vivos siempre ha dado pie a miles de relatos. Uno de ellos, es el  narrado por Rafael Zárraga, un gran escritor yaracuyano, quien creó  la historia de “Juantopocho”. Ella refleja un pensamiento colectivo, vigente hoy día,  un pueblo que espera cambios en todos los aspectos, desde lo político hasta lo religioso.

 

Pareciera que el autor fuese un vidente, con el poder  de visualizar el futuro. Esta historia, hoy día, está más vigente que nunca. En un  momento de la lectura visualicé al presidente Chávez ayudando al pueblo, así como Juantopocho haciendo milagros, adiestra y siniestra, sin importarle quién era el beneficiado, haciendo revolución celestial.

 

Incluso, podemos seguir comparando, ambos son vistos por algunos como “comunistas que arrastrarán al infierno a todos  los que crean en él”. Además las acciones revolucionarias de ellos han “encendido de resquemor el pecho clerical”. De hecho he llegado a pensar que el oráculo del autor sólo le pidió no revelar nombres a cambio de mostrarle el futuro, puesto que existen a lo largo de la obra párrafos completos que reflejan nuestro mundo político actual, este fragmento que citamos puede ilustrar lo sostenido:

 

Juantopocho  no está en el cielo como la mayoría de las almas buenas…esto se debió a una conspiración por parte de las autoridades

 

Es casi una visión del 11 de Abril de 2002, cuando por la envidia y el temor al moderno sistema de gobierno revolucionario dieron un golpe de estado al presidente; sin embargo, a pesar de haber constituido un aparato represivo que viola todos los derechos celestiales y comete como toda dictadura los más viles atropellos, lo que ha hecho es acrecentar  la fe en Juantopocho” (Chávez).

 

La connotación política de esta obra es indudable, diría que es una “invitación al socialismo”, al cambio, a la revolución. Algunos dirían que es una herejía, puesto que  la oposición al sistema celestial está muy marcada; sin embargo, no es que la obra sea Los versos satánicos del escritor indio, nacionalizado británico, Salman Rushdie, pero sí es una traspolación de la vida mundana, la vida real, al mundo espiritual. Claro que todo depende, indudablemente, de la ideología política del lector.

 

A manera de chanza, hace ya cierto tiempo, les comenté a un grupo de turistas que paseaban por Yaracuy, sobre la existencia de un espíritu que protegía a los jugadores, que curaba las resacas (ratones), hasta ayudaba a conseguir muchachas hermosas, sólo con ofrecerle una botella de aguardiente a cambio del favor. El asombro entre ellos fue de película, me preguntaron inmediatamente a cuál corte pertenecía; claro que luego les dije que era un personaje de una narración llamada “Juantopocho”, y que había sido llevada a la pantalla Grande bajo la Dirección de César Bolívar y la adaptación del Guión era de Salvador Garmendia en el año de 1978. Pero lo que me llamó poderosamente la atencion fue ver las reacciones de las personas, ya que inmediatamente se sintieron atraídas por éste espíritu bonachón y milagroso, es que sino les comento que es sólo una historia me hubiesen pedido que los llevara a su tumba para rendir tributo y pedirle “favorcitos”. Es acá donde digo que la visión del autor trasciende el tiempo al manejar  el concepto de la fe, de la identificacion con el pueblo en esta obra. Claro está que Rafael Zárraga es un hombre de pueblo (digo es,  porque este celebre yaracuyano vive, Sí, vive en sus versos y en todos los personajes que creó).

 

Como venezolano también maneja el humor, ese por el cual somos bien conocidos, y es que de todo sacamos partido o como diría el escritor Miguel Otero Silva, quien afirma que el humorismo venezolano es una “réplica vindicatoria a los malos gobiernos que nos han fregado durante siglo y medio de vida republicana”, y eso lo podemos constatar en el siguiente párrafo:

 

“hay quienes opinan que lo mejor sería ponerle una corona(a Juantopocho) y nombrarlo rey. Pero en lo que todos están de acuerdo es que habrá que hacer una purga total de Serafines, Arcángeles, Ángeles y todos los demás que integran el ejercito celestial, con el fin de evitar los clasicos madrugones militares”.

 

El lenguaje manejado por el autor en esta obra, existe una clara descripción de la comunicación de las personas en las comunidades rurales de Yaracuy.  A través de estos diálogos nos hace a los personajes más cercanos y reales, asi leemos: “Era mucho el rial que me habían quitao doctores culandreros, la mano me seguía engurruñá” más adelante también se lee: “El grandísimo perro se había buscao otra jembra”; estas expresiones coloquiales enfatisan el ambiente rural donde se desarrolla la obra.

 

Otra de las características que esta obra posee y que nos las hace tan familiar y cercana, es la existencia del típico bravucón, el “Alzao” (de pueblo, de colegio, de universidad), y que nos hace evocar años pasados (para algunos muy distantes, para otros demasiado presente). Es que estos personajes, por una u otra razón, están presentes en nuestro entorno, bien sea que nosotros hayamos sido las víctimas de ellos o algún amigo. En fin, recuerdo que salía todas las tardes a casa de mi abuela con mi mamá a visitarla, al llegar corría cual rayo al estacionamiento donde estaban todos mis amigos y como ya era rutina las metras salían por arte de magia de nuestros bolsillos… No transcurria ni media hora y llegaba “el bravucón” de la cuadra a querer, queriendo llevarse las metras de todos, pero había un detalle, mi mamá siempre me decía que evitara las peleas, pero que si peleaba, no perdiera porque ella completaría la acción de mi oponente y zas por arte de magia nuevamente las metras aparecían, y “el bravucón” tan tan  desaparecía.  Es como si fuese un mantra o un amuleto aquellas sabias palabras de mi madre, y es así que digo que todos en algún momento somos “ Gerardo  Chaparro” con un motivo o fe  para enfrentar a nuestros “Bravucones” o al Toribio Auslar de turno. Como lo plasma el escritor:

 

“Yo venía por el camino de Vijagual –cuenta Gerardo Chaparro—cuando el hombre se tiró del burro y me dijo: “aquí es donde vamos a arreglar la vaina que tenemos pendiente”. Yo permanecía  montao en mi rucio con temblor en las canillas y un frío que me llegaba hasta las partes ocultas. . . y yo sacando  bríos de no se aonde, digo: ¡ánima e Juantopocho, sácame con bien!  Pues mire, mano: en diciendo esto el endividuo se quedó como electrizao momento que yo aproveché pa acuñarle un mamonazo en toíta la pata e la oreja”

 

Juantopocho es un cuento que trasnciende el tiempo y describe  un pueblo como muchos en Venezuela, pintorescos, llenos de creencias y de personajes emblemáticos arraigados en sus corazones, donde el folclore yaracuyano se realza y la fe es uno de los  puntos centrales de la obra, como se puede apreciar en este texto:

 

“Una tarde  alguien aseveró besándose los dedos en cruz:  “la mujercita no podía parir, vale, porque la criatura venía de nalgas asigún me lo había  asegurao la comadrona. Y yo pídele que pídele a San Ramón, préndele que préndele velas de las más grandotas, y él hecho el pendejo naíta que me ayudaba a la compañera a salir del trance de parición. Jue entonces cuando me arrecordé que un compadre mío me había mencionao a Juantopocho, y metiendo al San Ramón en un saco lo boté pal zipote junto con los cabos de vela que me había robao. En tonces le prendí en la repisa del cuarto una vela bien grandota al animá y en los cuatro rincones le regué un cuartico de melaura bien cargaíta e caña que es como le gusta al dijunto. Pues mire, vale, pa que vea:ponele la devoción y parirme la mujercita un machito jueron dos cosas iguales”

 

Es así como los espíritus, fantasmas y demás espectros toman vida y comparten con los vivos casi todo tipo de eventos, hasta el punto de hacer  los más disparatados “milagros”. En la obra la sugestión llega al punto de crear una idea colectiva. Donde un pueblo producto de sus creencias exalta a “Santo” a un hombre común, como cualquier vecino de al lado.  Juantopocho no estaba muerto estaba de parranda…

 

David  Figueroa González

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Autor:

Escritor Venezolano, amante de la literatura en todos sus géneros

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